Anécdotas de viajes surrealistas

8 anécdotas de viajes surrealistas

En estos años de viajes nos las hemos visto de todos los colores. Viajar es también eso: no solo ir de un sitio a otro y conocer otros lugares, sino acumular anécdotas de viajes, vivir experiencias que hacen que los viajes sean más auténticos y nos ayuden a guardar recuerdos.

Nosotros hemos tenido viajes maravillosos y sin ninguna incidencia (pocos), otros con alguna que otra anécdota y algunos en los que parecía que estábamos gafados, como nuestro viaje a Perú. Hoy queremos contaros algunas anécdotas de viajes surrealistas que hemos vivido en distintos sitios del mundo. Algunas divertidas, otras emocionantes y otras de “para qué me habré metido yo en esto”.

8 anécdotas de viajes curiosas

El gato cabreado en Vietnam

Palacio Presidencial de Hanói en Vietnam
Palacio Presidencial de Hanói

La primera de nuestras anécdotas de viajes tuvo lugar en Vietnam. Imaginaos en un pequeño restaurante vietnamita, sentados en una terraza en la última planta de un edificio de Hanói. De comer, deliciosos platos locales con sopa, fideos y arroces. El ambiente tranquilo, con el murmullo de la gente y el olor delicioso de los platos cada vez que el camarero pasaba cerca. Y un gato. Un gato que merodea entre las sillas, buscando algo que llevarse a la boca. El gato se acerca y se encarama al muro que está justo al lado de tu plato de arroz. Te mira de reojo y tantea para ver si consigue robarte algo de la mesa. Lo intenta un par de veces y, cuando ya se da por vencido, te regala un pedazo mordisco en la mano por no haberle dejado robarte la comida. Pues ahí estaba Tomás, con mordisco, pocos medios para desinfectarse la herida y preguntándose si tendría que ponerse o no la vacuna antirrábica. A todo esto, era el primer día de nuestro viaje a Vietnam, para empezar con buen pie en el país 😀

Terremoto en Italia

Nos vamos ahora mucho más cerca, a Italia. Seguro recordaréis los terremotos que hace unos años causaron estragos en algunas regiones italianas. Nosotros fuimos cuando en teoría ya se había calmado un poco el asunto, por lo que no esperábamos que, cuando todavía estábamos durmiendo en nuestro hotel en Roma, nos despertase una tamaña sacudida. Se movía todo: la cama, la lámpara que oscilaba en el techo, los muebles… Nos miramos perplejos, porque además duró bastante tiempo y, cuando estábamos empezando a preguntarnos si tendríamos que salir pitando de la casa, paró de repente.

Cuando salimos a la calle unas horas más tarde nos encontramos con que habían cerrado el Coliseo, el metro no funcionaba y se habían caído pedazos de algunos edificios. Menos mal que habíamos visitado la necrópolis del Vaticano el día anterior, porque en caso contrario tal vez no nos habría hecho mucha gracia meternos bajo tierra a la espera de una réplica… Si queréis saber qué ver en la ciudad, podéis consultar nuestro post sobre 16 cosas que ver en Roma.

El hotel del terror en Portugal

Puente de Luis en Oporto
Puente de Luis en Oporto

Hemos estado en hoteles normales, en otros malos, y luego en este, que merece una mención especial. Llegamos a Oporto ya de noche, con muy poco margen de maniobra y en la época en la que la itinerancia de datos en Europa todavía se pagaba cara. Al entrar al hotel, nos recibió un señor muy raro y con muy pocos dientes que nos dijo que ya no le quedaban habitaciones (habíamos reservado, a todo esto), pero que nos llevaba a otro hotel en la misma calle que era de los mismos dueños. Nos quisieron poner en una habitación en la última planta, donde el suelo estaba tan inclinado que podías hacer rodar una canica sin dificultad y el baño era en realidad una especie de armario empotrado donde habían puesto un váter y una pileta. No era posible caminar por la habitación, había que pasar por encima de la cama para llegar al otro lado. Pedimos un cambio de cuarto, y nos colocaron en otro “mucho mejor”: el baño estaba sucio, había ceniza de tabaco encima de la cama y en la habitación había una puerta con una cerradura tapada con papel higiénico que creíamos que daba a un garaje, por el ruido y el olor que entraban por allí. Ese día usamos nuestras propias camisetas como toallas y como funda de almohada para mayor higiene y seguridad 😛

Todos a bailar en Suecia

Llegamos al aeropuerto de Kiruna y ¡pam!, vuelo con retraso de unas 12 horas. En una ciudad grande te puedes ir a dar un paseo, pero si te encuentras en Laponia, la cosa ya se complica un poco más. Atacamos la tienda de golosinas, nos aseguramos un asiento y nos dispusimos a esperar. En el mismo vuelo iba un grupo de chavales de instituto, muy probablemente de excursión. Aunque en un principio los vimos como una amenaza al suministro de chucherías, al final nos entretuvieron la espera porque, guiados por el profesor, se marcaron un flashmob en el medio de la sala de embarque y nos amenizaron la espera hasta el anochecer, cuando las auroras boreales del aparcamiento se convirtieron en un entretenimiento mucho más atractivo para nosotros.

Una aurora boreal sobre el cielo nocturno de Abisko, en Suecia.
Una aurora boreal en Suecia

Entrevista para la televisión en Vietnam

Salir en la tele mola, pero si estás en Ciudad Ho Chi Minh visitando un museo sobre los horrores de la guerra de Vietnam y la reportera te pregunta sobre tu opinión al respecto de la guerra y los países que metieron la mano, tal vez te entre el pánico y prefieras no contestar, tal y como nos pasó a nosotros durante nuestro último día de viaje. Seremos unos paranoicos, pero no teníamos ganas de hablar de política y meter la pata en directo, que luego esas cosas andan circulando por ahí… ¡Uno nunca sabe!

El murciélago curioso en Australia

Durante nuestra ruta por Australia en 15 días tuvimos la fortuna de encontrarnos con una chica que dedicaba su tiempo a rescatar zorros voladores heridos o enfermos, que luego se volvían a poner en libertad. Como vio que nos interesaba el tema, se ofreció a “presentarnos” a alguno de los huerfanitos de las instalaciones de rescate. Me puse en modo “loca de los bichos” y les saqué tropecientas fotos, mientras la voluntaria nos explicaba quién era cada uno, su carácter, su historia vital… Estaba tan centrada en la cámara de fotos que no me di cuenta de que uno de los zorros estaba a un palmo de distancia y ¡zasca!, me intentó coger de la mano, o de la cámara, o vete tú a saber de qué… El susto fue mayúsculo, y más cuando vi que me había hecho un arañazo. Empecé a sudar frío y a enumerar en mi cabeza todas las enfermedades que me podía transmitir el bicho, que, por mucho que me gusten los animales, soy muy paranoica.

Zorro volador en el bosque de Daintree, en Australia
Un zorro volador en Australia

Querido lector: si te hace una herida un animal salvaje, lo más sensato es ir al médico y asesorarte. Que luego hay virus muy malos circulando por ahí y les echamos la culpa a los pobres animalitos, que no tienen culpa de nada… Sustos aparte, los zorros voladores nos parecieron unos animales entrañables, inteligentes y muy sociables.

Medicina tradicional en Vietnam

Vietnam nos ha dado mucho juego en cuanto a anécdotas curiosas se refiere. En nuestro primer día en Ciudad Ho Chi Minh nos acompañó una guía muy simpática que se aprestaba a hablarnos de la fascinante historia del país mientras nos enseñaba el Palacio de la Reunificación… hasta que le dio un patatús por el calor y tuvimos que acomodarla en la escalera para ver si se recuperaba. De repente aparecieron dos señoras vietnamitas muy bien dispuestas que, en un periquete, la tumbaron en un banco, le empezaron a poner hierbas y potingues y la reanimaron mientras nos enumeraban las maravillas de la medicina tradicional vietnamita. No sabemos qué rayos le hicieron, pero en dos minutos la chiquilla estaba lozana como una rosa.

Si corren, tú corres en Argentina

Este es un consejo que suele ser bastante útil: si ves que todo el mundo está corriendo, aunque todavía no sepas el porqué, ponte a correr porque hay algo que estás pasando por alto. Esto nos sucedió en plena Patagonia Argentina, en la remota Punta Ninfas. Estábamos en lo alto del acantilado, viendo cómo retozaban y se peleaban los elefantes marinos allá abajo, y después de un buen rato nos disponíamos a marcharnos. Antes de abandonar el lugar nos detuvimos a charlar con una pareja de alemanes que estaba haciendo una ruta en caravana; y eso fue precisamente lo que nos “salvó”, pues, cuando ya nos habíamos despedido y nos dirigíamos al coche, llegó una furgoneta derrapando y se bajaron un grupo de personas corriendo como locas hacia el acantilado. Echamos a correr detrás, preguntando a gritos qué narices pasaba, y la respuesta que trajo el viento fue: ¡Orcaaaas!

pareja de orcas en Punta Ninfas
Un par de orcas en Punta Ninfas

Y allí estaban, un grupo de orcas encabezada por un macho enorme y con alguna cría. Si no nos hubiésemos parado a charlar, nos las habríamos perdido. Era nuestro último día en Península Valdés y nuestra última oportunidad de ver a estos fascinantes animales. Y aquellos “cazadores” de orcas, aquellas personas enloquecidas que corrían cargados con sus cámaras y las iban siguiendo por la costa con la furgoneta nos regalaron uno de los momentos más emocionantes de nuestra visita a Patagonia. ¡Mil veces gracias! Esta fue, probablemente, la más emocionante de nuestras anécdotas de viajes.

Y vosotros, ¿tenéis anécdotas de viajes curiosas que hayáis vivido durante vuestros paseos por el mundo? Podéis compartirlas con nosotros en comentarios 😉

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4 Comentarios

  1. A. Bravo dice:

    Venecia, hace 25 años; ya por aquel entonces masificadísima. No me estaba convenciendo mucho la ciudad, entre la humedad agobiante, los agobiantes tumultos y las agobiantísimas nubes de mosquitos. Paseo en góndola y el gondoliere se fuma un porro mientras nos da un evidentísimo y muy soez repaso a todas las mujeres allí presentes, en amigable charla de góndola a góndola con su compañero de profesión. De mal en peor iba mi impresión. Más tarde, durante un breve paseo al atardecer y, a pesar de la masificación, no sé cómo, acabamos tres veinteañeras en un callejón con un exhibicionista. Venecia, nunca máis! Bendita Burano, que me reconcilió con la zona.

    1. Vaya! Pues sí que tuviste mala suerte…

  2. Madre mía, me habéis hecho recordar algunas de esas anécdotas viajeras que casi tenía olvidadas. Algunas tienen que ver con animales (monos, muchos monos en nuestro camino). Y del tema hoteles raro será el que no tenga alguna que compartir (nosotros un par de ellas de ellas destacables, sobre todo la de la cucaracha muerta sobre la cama en Myanmar). En fin, vivir y viajar para contarlo.

    1. Buf, lo de cucaracha muerta en cama, lo veo horrible 😀
      Los monos suelen ser fuente inagotable de anécdotas… Yo les tengo mucho respeto, porque nunca sabes por dónde te van a salir. Pero al final, estas anécdotas son las que sueles recordar con el paso de los años, ¿verdad?

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