Viaje a Perú: nuestro viaje más accidentado

Hay viajes que salen mal, y luego está nuestro viaje a Perú. Es normal que las cosas se tuerzan un poco, sobre todo si llevas todo preparado y con poco margen de maniobra, pero en esta ocasión se nos juntó todo en una mezcla de mala pata, malestar físico y situaciones rarunas. Hoy miramos atrás y nos echamos unas risas, pero en aquel momento la risa era más bien nerviosa… ¡Empezamos!

✅ Consulta los posts con nuestras visitas en Perú:

Vuelo desviado por la niebla

Mi viaje a Perú empezaba con un primer vuelo hacia Madrid (digo mi viaje, porque en aquella ocasión Tomás salía de Brasil, acompañado de su familia). Tras una primera escala en Madrid, nos reuniríamos en el destino final, Lima. La primera sorpresa que me encuentro: el aeropuerto estaba cambiando los radares, por lo que no funcionaba el sistema antiniebla. Tras una hora esperando con nerviosismo para ver si el avión que me tenía que llevar a Madrid conseguía aterrizar, vi con desespero cómo lo desviaban a Santiago de Compostela. ¡Hala, todos en bus a Santiago!

Ya no me quedaban uñas por morder cuando el vuelo Santiago-Madrid aterrizó en Barajas. Mi vuelo hacia Lima estaba a punto de salir, pero no soy de las que se rinden, así que eché a correr como si me persiguiese una manada de lobos por la T4. Conseguí incluso pasar el control de pasaportes, pero, cuando llegué a la puerta, el avión se había marchado.

Sin ropa, sin desodorante y con una camiseta rota

Tras la cara de tonta inicial, pasé de nuevo el control de pasaportes a la inversa y conseguí que me ubicasen en otro vuelo al día siguiente y que me buscasen un hotel en Madrid. Lo de la maleta ya fue otro tema. Que no, que no me la daban. Yo de aquella no era muy previsora, y no llevaba ropa de recambio en la mochila de mano. De repente me encontré en un elegante hotel en el centro vestida con unos leggins viejos, una camiseta térmica con una manga más larga que la otra y sin un elemento fundamental que no podía conseguir en el hotel a la 1 de la madrugada: DESODORANTE.

El transfer al hotel no estaba

Al otro lado del océano, en Lima, Tomás intentaba organizar mi llegada para que fuese lo más atraumática posible. Habló con la agencia brasileña con la que habíamos contratado parte de las excursiones y organizó un traslado desde el aeropuerto de Lima hasta el hotel, pues yo, que iba de confiada por la vida, no llevaba encima más que un puñado de dólares y otro puñado de euros. Ni una mísera tarjeta de crédito. De lo único que tenía que preocuparme era de encontrar un cartelito con mi nombre al salir de avión.

Busca, busca, y nada de cartelito. Tras esperar más de una hora, asumí que estaba sola en el trance. Tomás a todo esto, estaba de paseo por Lima con su madre y su hermana, el muy bandido. Reuní los dólares que tenía y vi que, por suerte, me daba para el taxi. Llegué al hotel sin blanca pero justo a tiempo de irme a dormir, pues al día siguiente teníamos que tomar otro avión hasta Cuzco.

Nuestro guía no hablaba portugués

Puede parecer bastante normal en Perú, pero si has contratado el servicio desde Brasil precisamente porque la mitad del grupo no entiende ni torta de castellano, ahí la cosa ya te fastidia un poquito. Para nuestro viaje a Perú habíamos escogido precisamente esta opción desde el país vecino para que nuestra familia brasileña se enterase de las explicaciones, pero, cuando llegamos a Cuzco, si te he visto, no me acuerdo. El resto del viaje nos las apañamos Tomás y yo para explicar versiones resumidas de lo que estaban diciendo a nuestras compañeras de viaje.

Soroche, mal de altura

¿Soro qué? En palabras llanas, el dichoso mal de altura. En cuanto llegamos a Cuzco nos enchufaron en el hotel té de coca y caramelitos. Las primeras horas, todo iba bien. A la hora de comer me mareé un poco, pero la dueña del local lo solucionó dándome un bote con alcohol para que lo oliese de vez en cuando. En cuanto subimos un poco más de altitud para ir a Sacsayhuamán, empezó la fiesta.

Cada vez me sentía peor, hasta que toda la comida que había ingerido en Cuzco hizo su aparición nuevamente. Hacia final de la tarde ya estaba, directamente, semiinconsciente y metida en cama. Por suerte, al día siguiente me sentía mejor. Haced caso a las recomendaciones, chicos, y tomaos en serio eso de aclimatarse a la altitud si viajáis a Perú. Os puede ahorrar un buen susto.

✅ Si queréis saber qué ver en Cuzco, podéis consultar nuestro post sobre Cuzco.

Perdidos con un loco en medio de la noche

Nuestro recorrido por Perú siguió sin incidencias hasta nuestro regreso a Cuzco tras la visita al Valle Sagrado y visitar Machu Picchu. A la vuelta, tomamos una furgoneta en Ollantaytambo, dejando atrás el tren a Machu Picchu y esperando regresar sanos y salvos a Cuzco. Con lo que no contábamos era con que nos tocase de conductor un auténtico pirado que hacía rally por el medio del monte con la furgoneta y que se detenía en cada pueblo que encontraba, nos dejaba tirados dentro de la furgoneta y se iba, vete tú a saber a qué, a hablar con gente con mala pinta que aparecía por los rincones. Cuando ya estábamos reuniendo dinero para pagar el rescate de nuestro posible secuestro, llegamos al destino. Para encontrarnos el siguiente problemilla:

Nos han perdido las maletas

Pues resulta que nos habían traspapelado las maletas. Como en el tren a Machu Picchu no se podía transportar más que una maleta o mochila pequeña, dejamos el resto del equipaje en el hotel. Cuando llegamos, resulta que nos habían cambiado de hotel y las maletas se habían quedado por el camino. Por suerte, las localizamos con poca dificultad.

Tiburones ballena asesinos

Nuestra última excursión en Perú fue la Reserva de Paracas. Un paraíso natural en el que se pueden ver maravillas como la playa Roja, las islas Ballestas o el famoso Candelabro.

Durante parte de nuestra visita nos acompañó un guía de la región, supuesto entendido de la fauna y la historia local. Nada nos hacía desconfiar de sus palabras, hasta que empezó a mostrarnos unos enormes dientes de megalodón en un museo, diciéndonos que pertenecían al tiburón ballena, un animal muy peligroso que cazaba pingüinos y lobos marinos. Aham.

A partir de ese momento no le creímos ni una palabra. Siguió contando unas cosas muy raras sobre luchas entre lobos marinos y pingüinos, para rematarlo a continuación diciendo que los españoles eran todos unos vagos que no hacían más que tocar la guitarra. Y yo, que llevaba todo el día hablando en portugués, tuve unas ganas enormes de desvelarle mi procedencia, aunque al final me convencí de que no merecía la pena y seguí escuchando sus barbaridades con cara muy atenta. Al final, lo que me llevé de Paracas fueron unas fotos muy bonitas.

✅ Puedes ver aquí nuestro post sobre la Reserva Nacional de Paracas.

Nuestro viaje a Perú acabó sin más incidencias y, cuando volvimos a casa, nos lo tomamos todo con bastante guasa. ¿Y vosotros? ¿Habéis tenido alguna vez un viaje desastroso como este? Podéis contárnoslo en comentarios.

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6 Comments

  1. Bueno, ¿y qué es un viaje sin aventurillas? Para vida sosegada ya tienes la rutina diaria.

    1. Para vida sosegada la que estamos teniendo en este momento 😀

  2. Los viajes con problemillas son los que recuerdas más. Al final te ríes!

    1. Eso es cierto, al final son las anécdotas que más gusta contar.

  3. Seguramente ese ilustrado guía le llamaba tiburón ballena a las orcas pero después de lo que dijo de los españoles , que siga por ahí que esta muy bien allá. La verdad es que el viaje es para recordar.Sin embargo Perú debe ser increíble.

    1. Claro, fue solo mala suerte con el guía… En el resto del país, en general, tuvimos guías muy buenos. El que nos acompañó en los senderos de Machu Picchu era genial, explicaba todo muy bien y estaba pendiente de que no nos sintiésemos mal por la altura.

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